Son momentos que no veo, pero escucho, y me llenan de ternura.
Uno comenzó a cantar una canción y el otro le dijo que le recordaba a su pueblito. Lo curioso es que a mí también me recordó al mío. Tengo memorias de lo que hablaron, lo vi todo en mi cabeza. Una calle empedrada polvosa, una perra, que lloraba mucho, y varios otros niños jugando futbol en sandalias. Era un día nublado en San Francisco, pero yo recuerdo esa tarde como una tarde asoleada...
También recuerdo que, al despertar de una siesta, escuché la escoba de Ming barriendo el patio. Puse toda mi atención en ese sonido y solo ese sonido.... y aunque no pasó nada interesante ni relevante, recuerdo muy bien ese momento, por un simple sonido, por el ruido de una escoba.
De alguna forma, al poner atención a los sonidos, me convierto en una testigo fantasma, invisible. Sin que ellos lo sepan, esos momentos de ellos, se vuelven recuerdos míos, simplemente por escuchar...
El último recuerdo que tengo antes de venirme de El Salvador es ver a las niñas sentadas, riéndose a carcajadas la una de la otra por sus pies. Una le decía a la otra que los tenía sucios y, de pronto, que tenía unos pies muy chistosos. Yo las escuchaba adentro de la casa, mientras miraba atentamente una pecera y me hice una promesa, de jamas olvidar ese momento.
No comments:
Post a Comment