Friday, June 19, 2026

No sueños

​No hay sueños que recordar. Llevo varias noches sin recordar mis sueños. 

Porque? 

lPorque no recuerdo mis sueños? acaso no he soñado? 

Me costó mucho conciliar el sueño…muchas cosas en mi cabeza.  

Sería muy buena idea inducir mis sueños esta noche, aim for a lucid dream tonight! 


Thursday, June 18, 2026

El Laberinto de Emma

Me parece bien poetico lo de "fabrica de tejidos" porque siento que alli Borges nos da como la clave.  

las historias se van tejiendo, como los hilos en una tela, mientras más se tejen más pierden la individualidad.  

Emma y su Mamá; El padre y el Jefe. 

Emma es la hija ahora y también es empleada. 

Su Madre, fue la empleada y el Jefe, el padre de Emma el que la abusó. 

El padre / Jefe son el mismo personaje, el mismo ser. 

Borges lo dice, solo son diferentes las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios. 

Por eso al final lo que termina vengando es el ultraje de la madre, no lo que le pasó al padre. 

Al padre lo que le pasó fue por su propia responsabilidad. Se castiga el solo al envenenarse, y al morir por la misma pistola suya. 

Aquí nos da otra clave donde Emma ya no es Emma. En una avenida, ve su cara reflejarse en varios espejos. 

"Cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? 

Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por  los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la  indiferente recova... "

Ese ultraje que vivio su madre por parte de su padre, ahora se vuelve su memoria, su historia: 

"Abusó de mí, lo maté... "

"Verdadero era el tono verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero  también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o  dos nombres propios."






Wednesday, June 17, 2026

Ciegamente

 

Son horas y horas, muchísima pintura y muchos pinceles... sigo buscando, sigo encontrando, sigo perdiendo...buscando, encontrando, perdiendo, pienso que al final, lo que llamamos pintura son las huellas de esa busqueda. 

la busqueda de algo que no se ve, pero se siente, algo que palpita y se persigue ciegamente... 

por ser sentido y no ser visto, hay más evidencia de su realidad…

sentir sin ver… 

amar sin tener una forma definida,  

el amor es abstracto 

la forma viene después… 

prefiero amar abstractamente 



Tuesday, June 16, 2026

Noche Creativa

Hoy corrí por 30 minutos, y por más de 2 millas. Eso de concentrarme en el tiempo en vez de la distancia, ha hecho un cambio radical. Siento menos presión y aguanto más. 

Luego, me sentí un poco elevada, enamorada. Quería cantar y canté. Luego, bailé al ritmo de esta canción que le refascina: PI 3,14 de Buena Fe, y otras de Calle 13. 

Después, escribí un nuevo texto, edité 5 videos, y el resto de la noche me la pasé pintando y corrigiendo un poco la perspectiva del edificio, un par de horas y todavía falta mucho más.

No importa! Me sentí viva, me sentí despierta, elevada y enamorada. 

Una noche bella! 


The Writer (English Translation)

 Apparently, we had been sitting side by side on the same couch without realizing it. She was the one who turned around and greeted me.

Her hair had turned much grayer. At first, her face seemed unfamiliar, but little by little it became recognizable, like a photograph slowly emerging in a developing tray.

Ah, the writer.

Suddenly I remembered her. The young writer I had met two decades ago. I had read two of her short stories and sent her my comments. She never replied. And it wasn’t as though I had criticized her. Quite the opposite—I had been careful. The stories struck me as unfinished, written with a certain haste, but I never told her that. I simply praised what I had found valuable and encouraged her to keep writing and sharing her work.

Yesterday, she asked me about my art.

Because just as I remember her as the writer, she remembers me as the artist.

I told her I was doing well, that I was still producing work. She replied that she had thought I no longer did anything, that I had stopped. She based it on what she sees on Facebook. I explained that I was still working, only that I no longer posted on social media as often as I used to. I preferred to leave the explanation there. I had no reason to justify myself.

Then I returned the question.

“And you? How is the writing going?”

Her reaction was immediate.

“Oh, no!” she replied, with an expression of disgust. “I’m deeply disappointed in humanity. I can’t stand politicians. I can’t stand people. I trust no one.”

My mind drifted back to the last conversation we had had years earlier. I remembered how she had recounted a medical emergency in such exhaustive detail that it had felt excessive for the level of familiarity we shared.

We used to talk about books and authors. But one day she awoke with such intense feminist fervor that discussing literature became difficult. Many of the writers she had once admired had joined a growing list of people who, in her view, deserved to be canceled. I learned to avoid certain topics—not because I agreed with her, but because I knew we would end up arguing, and I had no desire to become angry.

Back then, she had been disappointed in men.

Now, her disappointment seemed to have expanded to encompass humanity itself.

She told me she had stopped writing. Instead, she had found God. She now belonged to a Catholic community in the Mission.

She began describing an event they attended. As she spoke, she kept interrupting her own story to insist that I should come with her.

“You should come.”
“You’d love it.”
“You really ought to go.”

I listened patiently. I tried not to judge her. After all, everyone finds comfort where they can and follows the path they feel compelled to follow.

“Everyone chooses the road they want to take,” I told her.

I stood up to say goodbye.

Then she took my hand.

“You should come with me,” she insisted once again.

It was only then that I realized she was drunk. Until that moment, I hadn’t noticed.

I leaned in a little closer and answered firmly, though affectionately.

“No, sweetheart. I’m not going to any event. Stop insisting.”

I kissed her on the cheek, wished her good luck, and continued on my way.

As I walked away, I thought about how people change. Sometimes so much that they become strangers, while still retaining the same face of someone we once knew.

Monday, June 15, 2026

Sueño

​Que estoy avisándole a las chicas, que algo que han publicado, necesita ser removido o explicado más. 

Estoy constantemente platicándoles de esa publicación. También estoy en la parte de atrás de un edificio. Buscando una manera de entrar. 

———-

En otro sueño, estoy aprendiendo a usar un condon ….


extraño!

Sunday, June 14, 2026

La Escritora

He mantenido el tono observacional y narrativo, pero con una prosa más fluida y literaria:

Al parecer, habíamos estado sentadas una junto a la otra en el mismo sofá sin darnos cuenta. Fue ella quien se volteó y me saludó.

Su cabello estaba mucho más canoso. Su rostro, al principio, me pareció distinto, pero poco a poco fue adquiriendo familiaridad, como una fotografía que emerge lentamente en una bandeja de revelado.

Ah, la escritora.

De pronto la recordé. La joven escritora que conocí hace dos décadas. Leí dos de sus cuentos y le envié mis comentarios. Nunca respondió. Y eso que no la critiqué. Al contrario, fui bastante cuidadosa. Los textos me parecieron incompletos, escritos con cierta prisa, pero no se lo dije. Me limité a elogiar lo que había encontrado valioso y a animarla a seguir escribiendo y compartiendo su trabajo.

Ayer me preguntó por mi arte.

Porque así como yo la recuerdo como la escritora, ella me recuerda a mí como la artista.

Le dije que estaba bien, que seguía produciendo. Me respondió que pensaba que ya no hacía nada, que había parado. Le aclaré que sí seguía trabajando, solo que ya no publico en redes sociales con la misma frecuencia que antes. Preferí dejar la explicación ahí. No tenía por qué justificarme.

Entonces le devolví la pregunta.

—¿Y tú? ¿Cómo van los escritos?

Su reacción fue inmediata.

—¡Ah, no! —respondió con una expresión de disgusto—. Estoy muy decepcionada de la humanidad. No tolero a los políticos. No tolero a la gente. No confío en nadie.

Mi mente regresó a la última conversación que habíamos tenido años atrás. Recuerdo que entonces me relató una emergencia médica con un nivel de detalle que me pareció excesivo para el grado de confianza que teníamos.

Antes hablábamos de libros y autores. Pero un día despertó con un fervor feminista tan intenso que conversar sobre literatura se volvió complicado. Muchos de los autores que admiraba habían pasado a formar parte de una larga lista de personas que, según ella, merecían ser canceladas. Aprendí a evitar ciertos temas. No porque quisiera darle la razón, sino porque sabía que terminaríamos discutiendo, y no tenía ganas de enfurecerme.

En aquel entonces estaba decepcionada de los hombres.

Ahora la decepción parecía haberse extendido a la humanidad entera.

Me contó que había dejado de escribir. En lugar de eso, había encontrado a Dios. Ahora pertenecía a una comunidad católica en la Mission.

Comenzó a describirme un evento al que asistían. Mientras hablaba, interrumpía constantemente su propio relato para insistir en que yo debía acompañarla.

—Deberías venir.
—Te gustaría mucho.
—De verdad, deberías ir.

Seguí escuchando con paciencia. Intenté no juzgarla. Después de todo, cada persona encuentra consuelo donde puede y sigue el camino que necesita seguir.

—Cada quien toma el camino que quiere tomar —le dije.

Me levanté para despedirme.

Entonces me tomó de la mano.

—Deberías venir conmigo —insistió una vez más.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que estaba pasada de copas. Hasta entonces no lo había notado.

Me acerqué un poco y le respondí con firmeza, aunque con cariño.

—No, cariño. No voy a ir a ningún evento. Ya no insistas.

Le di un beso en la mejilla, le deseé buena suerte y seguí mi camino.

Mientras me alejaba pensé en cómo cambian las personas. A veces tanto, que terminan convirtiéndose en extraños que conservan, sin embargo, el mismo rostro de alguien que una vez conocimos.