Qué hermosos son los lunes con Bella.
Ella se relaja conmigo mientras yo tecleo. Las dos escuchamos música: de Coltrane a Miles, algún Bossa Nova; ahora escuchamos Moon Safari. Ella se entretiene mirando a los vecinos que sacan a sus perros al parque de enfrente.
¡Este lugar es tan apropiado para un perrito! Fue precisamente por eso que lo escogimos. En aquel entonces, solo teníamos un inquilino arriba: un chico que viajaba mucho y no hacía nada de ruido. Hace dos años tuvo que irse de emergencia fuera del país y el landlord, sin decirnos nada, metió a toda una familia de jóvenes con un recién nacido y un perro.
Aunque son más ruidosos que el inquilino anterior, no nos molestan porque son súper amables. Además, a mí me dio mucho gusto tener un bebé arriba. Siempre pienso que es un beneficio mutuo convivir de cerca con algo tan nuevo y puro. Me inspira, me da refugio, un respiro en medio de toda la toxicidad de afuera.
Ahora, para eso, tengo a Bella.
Su inocencia, su pureza, la forma en que tan fácilmente se ha acogido a nosotros. A los dos, ahora.
Porque, a pesar de que él no es tan afectuoso ni paciente como yo, con ella ambos han encontrado un término medio, una forma de contacto que se mantiene sin acercarse demasiado. Algo parecido a lo que él hizo y sigue haciendo conmigo.
Bella nos despierta a las seis o seis y media de la mañana para que la alimentemos. Esperamos hasta las siete. Es muy tierno y divertido ver lo que ahora parece un ritual diario: Bella saltando encima de él, mordisqueándole las orejas, brincando sobre sus piernas y lamiéndole la espalda. No desiste hasta que finalmente se levanta, ¡y no enojado!, sino riéndose, con cierta resignación, por las travesuras de Bella.
Hemos prometido darle la mejor vida, cuidarla y darle todo lo que necesita.
Esta mañana se ha levantado muy feliz. Corrió a su lugar favorito y jugó hasta cansarse. Luego se dedicó a observar a la gente y a tomar una siesta.
La pureza, la ternura a mi lado.
Cada día se siente más y más confiada. Sabe que somos su familia, sus protectores, y que y que puede contar con nosotros. Y ella, a cambio, nos vigilará y protegerá, pero, sobre todo, nos dará aquello que nosotros ya somos incapaces de darnos: amor puro, incondicional. Ese amor que solo un ser como un niño o un perrito puede dar.
