Qué sola es la vida de un artista.
No lo digo como un lamento ni como una queja. Es solo una observación. Casi una nota al margen.
Qué sola es la vida de un artista.
Hoy, más temprano, pensé en mis hermanas y en lo extrañas que son para mí. Con el tiempo menos se de ellas, y hoy me resultan casi desconocidas. Entre ellas, en cambio, se conocen bien. Comparten la religion y estilo de vida, y viven fisicamente cerca. Las une eso, y el hecho de que han adoptado sin preguntar, toda la obligación moral, la religión, las costumbres de una sociedad extremadamente conservadora con ideas obsoletas. Lo aceptan con una fe silenciosa, convencidas de que algo más grande las espera si obedecen, si nunca cuestionan, nunca preguntan. Dios me guarde dudar del cura, dudar de mi papa, de mi tio, de los maridos de ellas. Dios me guarde, poner en duda lo que ya esta establecido.
Y bueno, eso es lo que les molesta de mi. Que yo no he seguido ninguna religion o ritual, y en vez me he atrevido a cuestionar al mas inteligente, sabio de la familia, mi padre. Hice algo que ellas jamas se atreverían, señalar la hipocresía moralista- como me atreví.
Y no es algo por lo que deba disculparme o sentir culpa. Simplemente, tomé otro camino. Y estoy en toda mi libertad. Pero esa diferencia siempre ha creado una distancia entre ellas y yo.
De nuevo, no es algo de lo que me quejo, es solo un señalamiento.
Entre ellas también existen diferencias, por supuesto, pero esas diferencias desaparecen porque comparten algo más fuerte: los hijos, las creencias, las supersticiones, las preocupaciones cotidianas. Allí encuentran un territorio común. No tengo nada en común con ellas, y eso me deja afuera de la conversación.
Luego está la otra paradoja. Se supone que no estoy sola porque vivo con alguien. Pero ese alguien y yo habitamos mundos tan distintos que apenas nos cruzamos. Si existe un punto de encuentro, casi siempre nace de un esfuerzo mío, un esfuerzo que poco a poco me cansa más hacer.
Entonces me doy cuenta, que mi compañia es la soledad del estudio.
La soledad del estudio es como un amante, invisible que se escabuye en la noche, y al cual le cuento todos mis secretos, del cual me dejo encantar. Me siento sexy, radiante, viva, bruja, magica, muy creativa - eso es algo, que lo consigo en la soledad de mi estudio.
Son preciados estos momentos en los que puedo abrirme, pensar, escribir y sentir, sin tener que traducirme para nadie.
Qué sola es la vida del artista.
No me quejo, es solo un señalamiento.