Que hay una serie de comandos para perros, que no hay que enseñárselos porque los perros nacen con el conocimiento de esos comandos.
Yo intento usarlos en Bella y funcionan.
Que hay una serie de comandos para perros, que no hay que enseñárselos porque los perros nacen con el conocimiento de esos comandos.
Yo intento usarlos en Bella y funcionan.
Hay un peso en el corazón, pero también se siente más liviano.
Es la verdad, cayendo por su propio peso, y al mismo tiempo levantando el cierre de la puerta, liberándome del cuarto de la incertidumbre.
Ahora que salgo del cuarto, me pregunto: ¿cuándo me metí, que ni cuenta me di? Había sonidos, señales y otras evidencias, pero las ignoré.
Creo que fue por ese entonces que me encontré con J. Ese día no sabía ni cómo se llamaba ni quién era. Formé un personaje en mi cabeza porque me dejó flechada con esa maravillosa conversación que tuvimos. Quedé vibrando con mariposas en el estómago por mucho tiempo.
Me distraje con eso. La inspiración regresó, sentí como una nueva vida.
No se si S notó algo, como un cambio en mi, porque recuerdo que se puso celoso y haber hecho un comentario. No recuerdo ya que dijo. Claro, en mi cabeza yo no estaba siendo infiel, puesto que era algo platónico, un juego mental.
Pero sí que me distrajo de S. me distrajo de su mal humor y de sus constantes tantrums. Su falta de motivación y curiosidad. Su conformismo.
Un día intercambiamos correspondencia con J, y fue de lo más sabroso que me había sucedido en mucho tiempo. Adoraba leer sus emails, la manera en que escribía, lo que comunicaba con las letras y también sin ellas. Encontré allí un ser muy afín a mí.
Comencé a sentir algo, pero me contuve. Él es casado y tiene hijos. Pensé que eso era como un safety-net, me protegía de cometer una infidelidad.
Tuvo su intensidad. Tan intenso como lo que sentí por Juan. Por esa intensidad, me sentí más comprometida a no cometer una indiscreción.
Pero luego me bajé de las nubes, me di cuenta de que yo había hecho demasiadas suposiciones.
Me distraje de S. Ni cuenta me di cuando lo perdi.
Cuando desperté de mi fantasía me di cuenta que había desaparecido.
Le comencé a buscar, a llamar, a gritar, a preguntar, a esperar con paciencia, pero nada lo hacía regresar.
Un par de veces regresaba, por segundos, o horas. Pero se iba rápido, a un cuarto, un cuarto en donde solo el entra, y me lo niega.
Para entonces yo ya estaba demasiado distraída con otras cosas: Juan, el grupo, la menopausia, pintar, etc. Sabía que algo pasaba. O mejor dicho, que algo ya no pasaba. Pero pensaba que era mi culpa por haberme ido, por haberme volteado.
Fue cuando me di cuenta de que él también había caído en un amorío platónico, con alguien del trabajo.
La diferencia es que él se ha movido para pasar de lo platónico a la realidad. Es alguien que conoce y mira en persona frecuentemente.
Entonces ahora, ese paso es lo que nos ha liberado a los dos.
A él, de su mentira.
Y a mí, del cuarto de la incertidumbre.
Y aunque la verdad pesa, el peso es como un líquido que se desparrama por todo el piso y comienza a dibujar las grietas de algo que ya se venía quebrando.
Busqué maneras de arreglarlo. Busqué maneras de acercarnos. Pero quizás no hice suficiente.
O quizás yo también perdí el interés.
o quizás, llegamos hasta donde pudimos. Y esta bien!
al fin de al cabo, somos libres! libres de amar, libres de soñar y compartir esos sueños con quien queramos.
Eso es todo lo que yo siempre he buscado, me imagino eso es también lo que el busca. Por alguna razón no podemos soñar juntos, por eso los dos nos perdimos soñando que somos el sueño de otro.
Tengo yo ahora con quien compartir mis sueños, y mis horas y mis días, y toda la belleza del universo. Mi perra Bella!
No pienso ir detrás de un hombre, ni vender me en un profile de social dating. A esta edad, la conexión será espiritual, real, pura. Dos almas, comprometidas, ha compartir lo que nos queda de este viaje y hacerlo placentero para el otro. Eso.
Y si solo con Bella se puede, entonces seremos solo ella y yo.
Pienso en el sueño con Elaine. Es porque he estado recordando nuestra última conversación. En donde ella después de tener unas copas encima, me contó que su esposo era un desconocido. Que se levantaba grumpy y todo el día parecía estar infeliz. Que ella buscaba maneras de hacerlo feliz pero en el proceso, la que se volvió infeliz fue ella. Después me enteré que se fue de regreso a Scotland.
Me preguntaba si era feliz ella ahora. De regreso a su país, con su gente.
He estado pensando en ella, porque lo mismo me ha sucedido a mí.
Hace dos años pensé que había encontrado a alguien más. Un alma y corazón muy parecido al mío. Me ilusioné con el, me ayudó a sobrellevar la soledad. Pero fue eso nada más, una ilusión.
Será que nos pasa a todas? llegamos a los 50, nos hacemos viejas y ahora somos un desecho, un problema, un bulto?
Aunque esta mañana lo he visto con Bella. Ella cariñosa buscando su atención, el le hace un cariño casi obligado, seguido por una serie de regaños y quejas.
Según el, el tiene “un toque especial con los perros” - me lo ha dicho desde que lo conocí. La conexión es con los perros de afuera, los que ya están entrenados y pertenecen a otro dueño.
Por Bella no tiene ni la más mínima paciencia. La quiere perfecta, entrenada y lista para el.
Sueño que entro a la “oficina” allí están todos mis ex compañeros de trabajo. Estoy caminando y siento todos los ojos de ellos en mi.
Camino y llego a mi escritorio, encuentro an Elaine la escocesa,
nos saludamos como grandes amigas.
Daniel me guía a mi escritorio.
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En otro sueño, visitando la casa de alguien. Salgo al patio y veo que tiene muchos animales extraños. En eso una serpiente cascabel me quiere morder.
Salgo a la calle, tengo a Bella conmigo. Un pitbull se acerca quiere besarla pero las dos tenemos miedo.
me acuesto en cama, Bella duerme a mis pies. Cierro los ojos y pienso en las aventuras del dia.
Solo somos ella y yo. El, ausente perdido en su teléfono o en la tv, Bella trata de llamar su atención. El la reprime por ladrar, por morder, por saltar. Bella igual lo sigue buscando, parece no hacer diferencia que el no le dedique tiempo.
Lydia me dijo algo ayer: Quién rescató a quien?
Bella y yo no estamos rescatando mutuamente.
No han sido años perdidos. Han sido años de crecimiento.
En su momento, él fue lo que me salvó. Me dio todo lo que yo necesitaba en ese momento.
Visitar su casa y conocer a su familia, donde todos me recibieron con los brazos abiertos, fue algo muy importante para mí. No solo fueron extremadamente acogedores conmigo; me aceptaron con todas mis rarezas, incluso con esas cosas de mí que no entendían.
Fueron días de oro: jugar con los niños, enseñarles arte. Me sentía viva, inspirada.
Y me sirvió muchísimo porque su familia se parece mucho a la mía. De alguna manera, fue como una retribución: que ellos me aceptaran se sentía como devolverme algo que yo también había dado.
Ha sido quizás en los últimos cinco años cuando nuestras diferencias comenzaron a definirse con mayor claridad. Pero incluso eso, al menos a mí, no me hizo perder el contacto con él. Al contrario, lo acepté.
A él le gusta ver televisión, los deportes, el vino —y más vino los fines de semana—, mientras yo me ocupaba de mi arte.
Hasta que, en algún punto, nos perdimos.
De repente ya no sabía ni con quién estaba viviendo.
Un señor que se enoja y se queja por todo.
Un señor arrogante, grosero y profundamente irrespetuoso conmigo.
A veces era raro observar a un señor ya mayor actuar como un chiquillo de 5.
Y lo peor fue que comenzó a hacerme responsable de aquello en lo que él mismo se estaba convirtiendo.
Entonces comencé a alejarme yo también, de muchas formas.
Físicamente, me iba a mi estudio después del trabajo y pasaba allí los fines de semana. O me iba a pintar con Doug.
Emocionalmente, me inventé un amorío con alguien que conocí por casualidad. Dormía junto a él mientras soñaba con un personaje que solo existía en mi cabeza. Pero, como ese personaje estaba basado en alguien real, alguien a quien veía virtualmente con frecuencia, podía seguir dándole vida a aquella ilusión.
Durante un año sentí algo vivo dentro de mí que hacía mucho tiempo ya no sentía.
Yo estaba distraída y él, cada vez más encerrado en su propio mundo.
Y yo sentí el encierro.
Le toqué la puerta para que saliera a jugar conmigo. Para que siguiéramos fingiendo que éramos una pareja.
A veces escuchaba que tocaban la puerta, la abría y salía un rato.
Otras veces, en lugar de escuchar que alguien estaba tocando su puerta, él escuchaba que alguien lo estaba golpeando, insultando. O al menos así era como reaccionaba.
Y ahora ya ni siquiera sale para quedarse conmigo. Abre la puerta y se va. Se pierde durante horas.
En un último intento por solucionar lo que todavía parecía tener solución, acepté que adoptáramos un perrito.
Pero pedí tiempo. Preparación. Planificación.
Él lo interpretó como: “No quiero que tengas un perro”.
Y por eso discutió conmigo. Hizo berrinches. Hasta que al día siguiente cedí y lo acompañé al centro de adopción.
Adoptamos a Bella.
¿Y recibí alguna disculpa?
No.
Nunca hay disculpas.
Todo enojo y todo maltrato de su parte siempre está justificado. Siempre es la reacción a algo que yo dije o hice. Siempre encuentra una razón que lo justifique.
Él es muy generoso consigo mismo.
Se da todas las oportunidades.
Se perdona todo.
Pero conmigo siempre piensa lo peor.
Ayer llegó Lydia, y aunque pensaba no decirle nada, no pude ocultarlo.
Yo lloraba, no porque el, ni por mi. Lloraba por Bella.
Ella lo extrañaba. Ayer no pudo dormir, tuve que pedirle que viniera a acostarse con ella y solo así durmió.
La pobre no sabe nada de lo que pasa, pero lo siente.
El ayer regresó borracho, intentó besarme, lo rechaze. Siguió bebiendo creo.
Esa es la solicitud que el siempre busca. Es su vida ya no me importa lo que haga con ella.
De la fantasía a la realidad hay un gran trecho.
Nos pasa a todos. Al menos eso creo.
Pero cuando no hay papeles, ni hijos, ni nada que te obligue a mantener una unión; cuando no hay nada más que te obligue a hacer un cambio, un sacrificio, entonces llega un momento en que no queda nada más que salvar. Nada más por qué luchar.
Él se enamoró de una chica más joven. La invitó a salir, lo intentó con ella, pero ella no le correspondió. Y por eso anda deprimido, de mal humor, ausente. Se va por horas y ahora me deja sola con Bella.
No me molesta que se haya fijado en alguien más. A mí también me ha pasado. Nos pasa a todos, seguramente. Es parte de la vida.
Lo que me molesta es que busque cualquier razón para pelear conmigo y poder irse. Que me haga responsable de todas sus frustraciones y de todos sus problemas.
Quiere encontrar un culpable porque es incapaz de asumir cualquier responsabilidad.
Está bien que ya no me ame. Está bien que ya no me encuentre atractiva. Está bien que quiera buscar a alguien nuevo y más joven. Eso también le puede pasar a cualquiera.
Pero que deje de hacerme responsable de su infelicidad y de su amargura.
Yo no tengo por qué soportar esto.
Tengo que irme.
Bella y yo nos tenemos que ir.