Estoy en la clase de printmaking. Hay varias personas, pero la única conocida es Melanie. Se ve mucho más joven, casi como una niña.
Estamos planeando algo, aunque no recuerdo exactamente qué. Me piden que yo sea quien le comunique el proyecto a Javier y a Peter, que no están allí. Yo respondo que es mejor no decirles nada por ahora y que sigamos adelante con el proyecto de todas formas. Melanie se molesta y piensa que estoy traicionando a J y a P.
Veo que está enojada y siento que es mejor aclarar las cosas. Me acerco y le pregunto si tiene unos minutos para hablar conmigo. Acepta, pero de mala gana. Para tranquilizarla, mientras caminamos hacia donde vamos a conversar, llamo por teléfono a Javier. Él contesta. Le digo hola y que más tarde lo vuelvo a llamar. Después de eso, Melanie parece quedarse más tranquila.
Nos sentamos a hablar. Empiezo a contarle a Melanie cómo, antes de que ella llegara a las clases, no hacíamos ningún proyecto juntos. Ella reacciona como si todo cobrara sentido de inmediato. Sigo contándole cómo cada uno se sentaba por su lado a trabajar. Estaba justo explicándole eso, cuando me desperté.