El perro no nos salva; solo intensifica los problemas que ya teníamos.
Ayer le pedí que, después del gimnasio, regresara a la casa para cuidar a Bella. Pero eso le molestó. Su plan era ir al gimnasio y después salir a caminar durante dos horas, como hace siempre.
Porque le pedí que no caminara ese día, me acusó de querer que engordara y de no sé qué otras estupideces más que ni siquiera vale la pena repetir.
Ya no sé quién es. No sé qué es lo que hacemos juntos ni qué es lo que nos mantiene juntos.
Somos dos personas completamente distintas.
El perro no nos va a salvar.
Hoy viene Lydia. Estoy debatiendo si decirle o no, o aparentar nada más, para darle un momentito agradable a Bella.
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