Friday, October 2, 2026

Octubre - transitioning

Si pienso en todo lo que he dejado o parado de hacer por estar con Bella, me entra una ansiedad enorme. Prefiero no pensar demasiado en eso y permitirme la oportunidad de darle todo mi amor, cariño y atención a mi perrita.

Él me lo había propuesto desde hacía mucho tiempo y, aunque nunca dije que no, siempre fui posponiéndolo. No porque no quisiera, sino porque no sentía que tuviera el tiempo, el espacio ni la capacidad para tener una mascota.

Dicen que es como tener un hijo: que es caro, que te quita tiempo, que cambia tu vida, que ya no puedes hacer las cosas de la misma manera.

Pero este año él insistió. Quizás era lo único que nos podía salvar en ese momento.

Cada vez estábamos más distanciados. Él en su mundo, yo en el mío. Y mi decisión de renunciar a pasar los veranos con su familia le dolió. Le asustó.

Pero yo necesitaba reclamar mi espacio y mi tiempo. Le dije que quería usar mis vacaciones para hacer lo que yo quisiera hacer.

Mientras tanto, yo estaba lidiando con todos los desastres de la menopausia, que habían intensificado la depresión y la ansiedad. Cada día se me hacía un trabajo lidiar con todo. Sentía que me estaba sofocando, que necesitaba un break, un reset. Sentía que me estaba volviendo loca.

Cada vez que comenzaba una rutina y lograba agarrar el ritmo, algo externo la interrumpía: jury duty, Juan’s, la designación CIC, los problemas con la menopausia… y ahora Bella.

Pero Bella no es una interrupción.

Bella llega como un regalo del universo. Un trocito de amor incondicional, puro y bello.

Bella llega en el momento perfecto, a ponerle el punto a la i.

Me siento tan llena, tan equilibrada con Bella.

Y ahora él y yo tenemos algo. Algo que los dos podemos amar al mismo tiempo y de la misma forma. Una pasión que compartir.

Quizás eso era lo que necesitábamos: algo que nos volviera a encontrar.


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