Que ya me voy. Voy saliendo de un lugar y, en el camino, veo la parte trasera de una máscara gigantesca de calavera. Le digo a Doug, que viene detrás de mí, que esa máscara debimos haber usado. Él me responde que ya se la dio a Wendy Stewart.
Le digo: “Aaah, ¿ahora ya estás de amigo con ella otra vez?”
Y él contesta: “Es que me llamó y me la pidió.”
Lo regaño en broma porque pienso que la desperdició.
Salgo a la calle. Es de noche y todo se siente súper extraño. Afuera, en un carro parqueado, están Lydia, Juan y otras personas que no conozco. En el cielo, las estrellas se ven clarísimas y brillantes. Se distingue perfectamente la Vía Láctea.
Me despido de ellos y les digo que ya me voy. Entonces Lydia me dice: “Antes de que te vayas, llévate esto.” Saca del carro dos trajes gigantes de la muerte, estilo mexicano: uno masculino y otro femenino. Me pide que me los lleve.
Pienso que son demasiado grandes y que yo voy en tren, pero aun así los tomo, me los llevo y me despido.
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